La vida es una tómbola, tom tom tómbola.

La búsqueda del embarazo siempre empieza con el deseo de ser madre, después la decisión conjunta de lanzarse a la búsqueda. Y, aun llevando 28 años sin hijos y sin haber estado embarazada, de repente te das cuenta de que no puedes vivir en este mundo ni un minuto más sin tu retoño. ¡Y te pones al lío!

Yo soy de personalidad obsesivo compulsiva. No podría haber sacado mi empresa a la luz si no fuese porque cuando algo se me mete en la cabeza no dejo de pelearlo hasta que lo consigo. Entonces, si quiero conseguir quedarme embarazada rápido, ¿qué hago?

1.- Me voy y me hago mi revisión pre-concepcional con el gine.
2.- Tomo ácido fólico.
3.- Me compro packs inmensos de test de ovulación para identificar los días fértiles.
4.- Por si me queda alguna duda, contrasto el resultado de los test de ovulación con la gráfica de temperatura basal.
5.- ¡Aprovecho los días fértiles! ¡A tope! ¡Cómo si no hubiese mañana!

Cuando pasan los días fértiles, la profesora del aula de fertilidad, que es una señora con moño alto y gafas de pasta, que arrastra las eses y que tiene pinta de no haber tenido un orgasmo en su vida, te manda al rincón de pensar.

Y tú allí, con ganas de darlo todo, deseando poder colaborar para que salga bien, y sin absolutamente nada que hacer cogida de la mano de la más absoluta impotencia. Y lo peor de todo es que, a tu lado, en el rincón de pensar, está el oso blanco de Tolstoi. Porque sí, es el rincón de pensar, pero de pensar en otras cosas. No vaya a ser que le des vueltas al tema del embarazo y a la profesora frígida le dé por decirte que no te quedas porque estás obsesionada.

Y frente a ti la larga espera hasta saber si en la tómbola del mundo tú has tenido mucha suerte. Tachas día tras día tu cuenta atrás, miras los test de embarazo de reojo deseando hacerte uno aunque te hayas prometido no caer, y de repente tu cuerpo te da el resultado. No, la tómbola del mundo no te ha premiado con su querer.

EMBARAZO TÓMBOLA
Porque la vida es una tómbola, tom tom tómbola, que a veces es de luz y de color, pero otras veces no. Y esta no ha sido la tuya. Y deseas que la búsqueda sea de otra forma, que no mande tanto el azar, que la naturaleza no juegue un papel tan determinante y que tú puedas poner más de tu parte. Que la maestra te mande deberes más serios. ¡Qué sé yo! Haz veinte mil pajaritas de papel, haz cien abdominales al levantarte de la cama, no pises las rallas de las aceras cuando andes por la calle… porque quieres poner más de tu parte pero no existe modo alguno.

La vida es una tómbola, tom tom tómbola, y cada mes se abre el juego, y no, no hemos ganado, pero vuelve a empezar el reparto de boletos y estoy lista para comprar los míos.

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Test de ovulación – Tan fácil y tan difícil

LA TEORÍA

Antes de empezar a utilizar los test me puse a investigar un poco sobre la teoría, para entender qué es lo que estaba haciendo.

Estos test detectan la hormona luteinizante, LH para los amigos. La Srta LH está en nuestro cuerpo durante todo el ciclo en mayor o menor medida (a veces en tan poquita cantidad que el test de ovulación nos sale blanco nuclear). Aproximadamente a mitad de ciclo tendremos una subida (pico para los amigos) de LH. En ese momento en que nuestro organismo va cargadito de LH, si todo funciona correctamente, los ovarios pillarán el mensaje y liberan al ovulo.

Lo más molesto de esta hormona, a diferencia de la HCG que detectan los test de embarazo, es que puede estar presente en todo el ciclo. Por lo que, cuando nos hacemos el test, una rayita que muestre presencia no será suficiente para sacar conclusiones, la raya tiene que ser igual o más intensa que la de control. ¿Por qué? Pues porque la línea de control, siempre que haya orina, se coloreará hasta el punto tope donde podemos considerar que hay un pico real de LH, mientras esté por debajo de este tope, no hay ovulación.

Una vez hayamos pasado el pico nuestros niveles de LH volverán a bajar y empezaremos con la terrible fase lútea.

Parece fácil, ¿verdad? Hay pico, ovulamos. No hay pico, no ovulamos.

 

 

LA PRÁCTICA

Nos compramos nuestros test (yo los compré en tiras) y, en la mayoría de casos nos viene un cuadrito donde nos dice cuando debemos empezar a hacerlos según la duración del ciclo. Por si no tenéis uno a mano, aquí va una muestra. Algunos nos ponen un día antes o un día después. Más o menos va así:TEST OVULACIÓN CUANDO EMPEZAR

Para utilizarlos no nos vale la primera orina de la mañana porque la lh no se sintetiza por la noche y corremos el riesgo de ver un blanco nuclear. Tampoco es buena una orina poco concentrada porque puede quedar la lh muy diluida y que el test no la detecte. Lo ideal es hacerlos entre las 12 del mediodía y las ocho de la tarde.  Mi experiencia me hace pensar que lo mejor es hacerlos todos los días a la misma hora y aproximadamente con la hormona igual de concentrada. Tampoco es cuestión de volverse loco en el intento, que no soy nada partidaria de obsesionarse, pero yo he visto picos durante mi primer intento que estoy convencida de que han sido causados por orinas más o menos concentradas.

Este ciclo que empieza voy a intentar cuadrar un hueco del día que me permita ser constante. Después de comer Mr C aprovecha para hacer siesta (trabaja de noche) y yo aprovecho la calma para trabajar. Un test a las seis o las siete con la orina que va entre el “vaciado” de después de comer hasta esa hora será suficiente. Sin atiborrarme a beber líquidos, claro.

 

LOS RESULTADOS

Esto es lo más fácil y lo más difícil al mismo tiempo. Sobre todo la primera vez. Empezamos y, si hemos sido precavidas y lo hemos hecho con antelación al día que esperamos ovular, veremos o muy poca lh o nada de nada. Y esto será un negativo. Otra vez con lo mismo, si la intensidad de la linea de test no llega a la línea de control es negativo. Como tengamos la mala suerte de que el positivo se haga un poco de esperar nos ponemos en plan googleadoras compulsivas, ¿los test de ovulación no funcionan? ¿Los test de ovulación nunca me dan positivo? ¿Test de ovulación si no ovulo? Y todas sabemos que si no ovulásemos es algo que demostraría un médico tras hacernos pruebas y análisis, de hecho, el test puede detectar lh sin que ovulemos pero, ¿y si google nos soluciona la papeleta?

Cuando llegue la ovulación la línea de test se va a poner más marcada (bravo!), y veremos la diferencia con lo que creíamos que era un positivo si hemos guardado los anteriores. Llegará un momento que se pondrá de verdad muy fuerte y no tendremos duda de alguna de que este es el positivo.

Yo dudé algunos días con los resultados y todo porque me liaba al ver la marca. Al no haber visto nunca un positivo mío no sabía lo que tenía que esperar.
Ojo, que si no llegamos a ver un positivo fuerte no significa que no hayamos ovulado. Hay chicas en que el pico es tan corto en el tiempo que si no se hacen más de un test diario no consiguen verlo. Cada una que haga como vea mejor, pero repetir el test tres o cuatro veces al día a mí, personalmente, me parece un poco exagerado, con ver que crece y decrece podremos determinar que el pico ha estado aunque no lo hayamos visto.

Y bueno, ahora lo interesante, una vez con el positivo en la mano tenemos 24-48 horas hasta que salga el ovulito.

Si hemos estado practicando los días antes al positivo, bien por nosotras, ya que los espermatozoides aguantan bastante dentro nuestro cuerpo (no me atrevo a decir cuánto con exactitud porque he leído de todo pero entre tres y cinco días), y puede haber uno agazapado esperando a encontrarse con el ovulo.

Si nos ponemos manos a la obra de inmediato bien también. Lo lógico sería entender que tenemos tres días para realizar prácticas intensas. Señoritas, saquen sus dotes de seducción a relucir porque aquí si que me parece perfecto que os pongáis tan obsesivas como queráis, cuanto más azúcar más dulce. Si la ovulación puede ocurrir hasta 48h después y el ovulo va a estar 24 horas más habitable y simpático, yo diría que hasta que no hayan pasado 72 horas desde el positivo tenemos probabilidades. Siempre he sido de pensar que mucho mejor pasarse que quedarse corto.

Y, por favor, no os olvidéis de disfrutar mucho de todo el proceso

¡Celos!

Tengo una amiga que espera mellizas para dentro de unos tres meses. Desde hace un par de semanas está recluida en su casa en arresto domiciliario, las instrucciones del ginecólogo son claras: reposo absoluto. Se puede hacer el café por las mañanas pero nada de estar tanto tiempo levantada como para hacer una ensalada. Es decir, está a cuerpo de rey. Como imagino que esta situación debe de ser, como poco, aburrida, aproveché para hacerle una visita la semana pasada. Y salí de allí verde de envidia.
No me molesta especialmente que la tengan malcriada, ni su estado de buena esperanza. De hecho algo dentro de mí me hace quererla más desde que sé que lleva a sus dos nenas dentro. Desde mi punto de vista toda ella es un milagro maravilloso.
Lo que me da realmente envidia es su casa. Mi amiga tiene un piso precioso, y cuando digo precioso no estoy tratando de decir que tenga poquitas cosas puestas con gusto ni que sea una especialista en decoración. Mi amiga tiene dinero y su casa lo grita a los cuatro vientos. Yo, que tengo una obsesión insana por el azulejo, casi sufro un ataque cuando me toca pisar esos porcelánicos tan espectaculares. Da miedo pisarlos y, al mismo tiempo, parece que siempre están limpios. Sus futuras hijas tienen la habitación más bonita jamás creada por embarazada alguna y su cocina parece sacada de un masterchef de diseño.
Tras estar con ella llegué a mi casa y me encontré con mi realidad. Sé que soy muy afortunada, resido en una casa que es propiedad de la familia de Mr C y por la que, a final de mes, no me pide nadie ni alquiler ni hipoteca. De hecho, como es una casa, ni siquiera tengo que lidiar con reuniones de vecinos. Vamos, el paraíso libre de recibos y presiones. El sueño de cualquiera. Por no hablar de que mi familia tiene otra casa disponible por si la necesitamos. Si vivimos en esta es porque hay kilómetros de por medio y, ahora mismo, nos conviene más estar donde estamos.
Pero nuestra casa es fea. Nuestra casa no necesita una reforma, necesita derribo y construcción. Y me niego a hipotecarme para conseguir mi casa soñada. Por encima de todo no creo en las hipotecas y quiero seguir siendo así.
Me da lástima pensar que mi futuro e hipotético hijo va a venir al mundo para vivir en una casa que, aunque es muy cómoda, no es bonita. Nuestro presupuesto para la reforma no alcanza más que para un lavado de cara sobre el que nunca nos ponemos de acuerdo; a veces pensamos que es tirar el dinero, otras que lo disfrutaremos durante muchos años. Pero nunca empezamos. Tal vez nos da miedo deshacernos de ese colchón económico que tanto nos ha costado reunir.
Por otra parte, cuando pienso en mi amiga, y en la inmensa hipoteca que pesa sobre sus espaldas, no me quiero cambiar por ella. Sé que he hecho bien eligiendo mi modo de vivir, sin menos pretensiones pero sin bancos de por medio.
Puede que, algún día, sea capaz de enseñar a mis hijos que más vale vivir de forma modesta que nadar continuamente a contra corriente para afrontar pagos de letras imposible. Puede que, gracias a mi decisión, cuando lleguen las vacaciones pueda irme de viaje con mi familia en lugar de darle todo el sueldo al banco. O puede que esté equivocada y que lo mejor sea tener una casa perfecta.
No dejo de pensar que, aunque mi hipotético hijo podría nacer en una familia mucho más desafortunada, la guerra de clases ya ha empezado para él que todavía no existe.

Cinturón de castidad. Búsqueda interruptus.

Nunca imaginé que, a mitad de un mes de búsqueda, y tras ver unos test de ovulación que sin duda eran positivos, me pondría un cinturón de castidad. Pues lo he hecho, y he tenido mis motivos.
Este fin de semana Mr C y yo hemos salido de casa unos días a ver a la familia para aprovechar sus días de vacaciones. Primer error. Nunca, repito, nunca, planees una escapada a casa de tus familiares en la semana de la ovulación.
El jueves y el viernes estuvimos en casa de mis padres. Mi primer inconveniente han sido los test de ovulación. Este ha sido mi primer ciclo utilizándolos y quería entenderlos, por lo que no podía dejar pasar ni uno. En casa, a falta de botecitos para recoger muestras, utilizo vasos de café de plástico. Me voy al baño con mi test en la mano, recojo la muestra, hago el test, le doy tiempo para que dé el resultado, tiro todo lo que no necesito y guardo el test para poder ver la progresión del mes. En casa de mis padres nada de eso. Me ha tocado ponerme en modo ninja para poder hacerlo. Os doy instrucciones:
1.- Escóndete el test para meterte en el baño. Esto en inverno puede ser más fácil, pero en pleno mes de julio y con un vestido finito cuesta un poco más.
2.- Busca un tapón de laca, desodorante o similar y lávalo con el jabón de manos para quitar restos y que quede lo más limpio posible.
3.- Recoge la muestra, haz la prueba y espera. Para cuando salgas tu familia creerá que tienes un caso grave de estreñimiento. Sí, mi madre, muy atenta ella, ha llegado a ofrecerme yogures con propiedades laxantes a pesar de conocer mi intolerancia a la lactosa.
4.- Limpia las pruebas, llévate el tapón porque no es plan de dejarlo en el bote al que pertenece después del uso que le has dado y repite el paseo por el pasillo con todo el arsenal de pruebas escondido para guardarlo en el rincón más oculto de la mochila hasta que llegues a tu casa y puedas deshacerte de todo.
Pues así, los cuatro días.

El segundo día en casa de mis padres veo el positivo. Y mi cuerpo empieza a pedirme a gritos que aproveche ese positivo que, por cierto, me demuestra que he estado practicando cuando no estaba ovulando o que, al menos, este mes solo contando días no me hubiese ni acercado.
Pues no hay manera de practicar. Porque yo, con mis 28 añazos, tras cinco años de relación estable y casi tres de convivencia, cuando voy a visitar a mis padres, duermo sola. Y no es que mi padre crea que su hija es virgen, tampoco es que mis padres sean especialmente anticuados porque nunca han puesto pegas a que vivamos juntos “en pecado”, es simplemente “haz lo que te dé la gana pero no bajo mi techo”.
Pues bien, visto esto, decidimos esperar un día. Los test me dicen que la ovulación en sí va a ocurrir entre 24 y 48 horas después. Así que todo bajo control. Cogemos el hatillo y nos vamos al piso de mi tía en la playa para pasar el sábado y el domingo. Y aquí es cuando mi dolor de muelas se intensifica.
Llevo ya una semana tomando medicación, el médico de cabecera no le dio importancia a la búsqueda combinada con medicamentos fuertes y yo seguí a la mía. Pero ahora se ha vuelto ya insoportable. Muerdo almohadas del dolor. Lloro todo el rato y solo estoy bien cuando me tomo tanto medicamento que me quedo dormida. Soy consciente de que con esto voy a perder muchas invitaciones a pasar el fin de semana en casa de nadie, no soy la mejor huésped, la verdad.
En uno de esos pequeños espacios de tiempo de lucidez que me deja la medicación entre que comienza a hacer su efecto y me duerme, decidimos bajar a una terraza que han puesto en la orilla de la playa. Más que nada porque Mr C está ya que no sabe dónde meterse. Y allí nos encontramos a una amiga que ha tenido un bebé hace seis meses. Me dice que tengo la cara deforme y me pregunta. Le explico que me está saliendo la muela del juicio y pasa a contarme la historia de sus muelas. Ella no realizó esa visita al dentista que se aconseja antes de empezar a buscar. ¿Por qué? Pues por lo mismo que yo, porque no le dimos importancia. Cuando llegó el embarazo sus muelas tomaron vida y el dolor se hizo insoportable. Le recetaban medicamentos porque era preferible que estuviese tranquila que soportar el dolor. Si no los tomaba se sentía fatal y si los tomaba también. Me dice: “lo peor del embarazo, sin duda, el dolor de muelas”. Todo esto, oído desde el punto de vista de alguien que tiene el pulso localizado en la muela, la oreja y la mandíbula asusta mucho.
Así que, llegada la noche, y tras muchas horas en las que no había tenido intimidad para tener sexo, ya en la cama, he dicho que no. Que se cierra el chiringuito. Que este mes aquí no va a pasar nada. Que si no nace un mes nacerá al siguiente. Total, tampoco sabemos si lo íbamos a conseguir. Y yo no me quiero pasar el embarazo retorciéndome de dolor de muelas.
He decidido dejar pasar este mes. Me siento triste en cierto modo, perder un mes no es agradable. Tengo muchas ganas de que llegue. Pero estoy orgullosa de mi decisión. Sé que llegará cuando tenga que llegar pero no quiero que la boca sea una de mis preocupaciones y, mucho menos, una muela del juicio que se arranca y, muerto el perro, se acabó la rabia. La solución a mis problemas es sencilla. Un mes sin búsqueda y una visita al dentista. Sin privarme de calmantes, antibióticos ni antiinflamatorios.
Cuando sea una mamá feliz y me pregunten qué fue lo peor del embarazo yo quiero hablar de nauseas, de piernas hinchadas, o de lo que sea. No quiero hablar de muelas.

Menos “googlear” y más f… (Hacer el amor)

   Hablo últimamente con muchas chicas en búsqueda de embarazo, sobre todo en el mundo virtual, y casi todas compartimos el mismo síntoma de buscadoras; la adicción a leer foros, artículos, blogs y experiencias ajenas, también conocido como el “síndrome de la googleadora compulsiva”.

   Hemos tenido ciclos menstruales toda nuestra vida y nunca nos hemos planteado qué estaba pasando en nuestro interior. Nos habíamos preocupado de conocer nuestro aparato reproductor exclusivamente en lo que a las partes divertidas se refiere, del resto, ni sabíamos ni queríamos saber. Paren las rotativas, hagan que todo esto de aquí dentro no funcione hasta que a mí me de la real gana.

Llegado el momento en el que deseamos utilizar nuestro aparato reproductor para aquello que fue diseñado, nos da por investigar, y aquí es donde empieza la locura. Las búsquedas que enumero a continuación son ficticias y algo exageradas pero, que tire la primera piedra la que esté libre de búsquedas extrañas (incluida yo, por supuesto).

Estas son las más típicas cuando estamos iniciando la búsqueda o llevamos algunos intentos pero todavía estamos o menstruando o no hemos llegado a ovular: 

     ¿Cuánto tardaré en quedarme embarazada? (utilizando google como vidente, ¡me encanta!)

     ¿Cuándo es mejor empezar a tener relaciones para buscar embarazo?

     ¿Es bueno beber alcohol buscando embarazo?

     ¿Puedo tomar el medicamento X buscando embarazo?

     ¿En qué momento debería dejar de fumar si estoy buscando embarazo?

Cuando estamos cerca de la ovulación pero no tenemos modo feaciente de comprobarla, no hay una bombilla que se encienda para avisarnos, y queremos identificar el milagrito empezamos con búsquedas de este tipo: 

     Comparativas test de ovulación

     Método Billings

     Método temperatura basal

     ¿Cómo identificar la ovulación?

     ¿Habré ovulado?

     Ciclos anovulatorios

     ¿Cuánto duran los espermatozoides vivos?

     ¿Cuánto tiempo vive el ovulo?

     Mis test de ovulación son así o asá

     Me noto esto o lo otro, ¿habré ovulado?

     Posición de cérvix, perdona, ¿tengo cérvix? No me lo habían presentado.

 

Pero lo mejor está por llegar; La fase lútea. Aquí las googleadoras compulsivas entran en pleno proceso de tecleo y lectura de casos y casos y todo se multiplica hasta la saciedad y acabas releyendo las mismas experiencias una y otra vez, porque todas sabemos la primera página que nos sale cuando le damos a buscar y sí, suelen ser siempre las mismas. Más o menos van así: 

     Primeros síntomas de embarazo

     Dolor en el pecho síntoma de embarazo

     Síntomas tempranos de embarazo

     No tengo síntomas, ¿podría estar embarazada?

     Me noto hinchada, ¿embarazo?

     Me duele el dedo meñique del pie derecho, ¿embarazo?

 

Y, sin duda, mis favoritas:

     Test de embarazo 10 días antes de la falta

     Test de embarazo 9 días antes de la falta

     Test de embarazo 8 días antes de la falta

 

No sigo escribiendo sobre las búsquedas después de ver un positivo porque se me puede ir el post de las manos pero, si por lo que sea tenemos un retraso y vemos el test de embarazo negativo, estas últimas búsquedas cambian ligeramente y pasan a ser:

     Test 1 día de retraso negativo y embarazada

     Test 2 días de retraso negativo y embarazada

     Y hasta el infinito y más allá!

 

Lo malo de todas estas búsquedas es que, aunque no somos tontas, y tenemos claras las respuestas  a nuestras preguntas (excepto en dudas puntuales), porque somos capaces de reconocer los artículos o fuentes con algo de rigor, decidimos pasarnos por la torera lo que sabemos a ciencia cierta y nos vamos a leer casos de chicas en foros que, aunque la mayoría de veces no saben ni escribir sin faltas de ortografía, nos dicen lo que queremos oír. Y nosotras queremos leer lo que queremos creer, y acabamos albergando esperanzas de que hemos conseguido quedarnos embarazadas porque una señora que tenía una vecina que le contó que ella tomando gotas de rocío sacadas del pétalo de una margarita del primer día de primavera se quedó embarazada. Y, como nos interesa creérnoslo, nos lo creemos. Nos relajamos, descansamos de nuestro googleo compulsivo, y mañana ya vendrá otra duda que dejaremos en manos de otra experiencia extraña que cuente cualquiera en internet.

Y todo esto lo repetiremos de forma concienzuda, sin saltarnos ningún paso, mes tras mes de búsqueda.

 

Y la única verdad es que el embarazo se consigue teniendo relaciones sexuales con frecuencia y que, las probabilidades de conseguirlo en cada intento son bajas. Que es muy normal tardar. Sí, hay chicas que se quedan a la primera, todos las conocemos y hemos leído sus casos, también hay parejas perfectamente sanas que tardan mucho más tiempo . Hay parejas que tienen problemas que descubrirán después y los solucionarán, otras no tendrám tanta suerte.

Pero, ninguno de ellas, se enteró por google. En las facultades de medicina siguen habiendo estudiantes porque google no tiene todas las respuestas, es más, en la mayoría de casos no estamos lo suficientemente preparados para analizar lo que leemos y podemos llevarnos algún disgusto innecesario. Incluso podemos caer en la práctica, cada vez más extendida, de llevarle la contraria a nuestro médico porque creemos tener razón al haberlo leído por ahí. 

Así que, como dijo mi amiga GC, que me dio ayer el título de este post, el mejor consejo para conseguir el embarazo es menos googlear y más follar (con todas las letras).

 

Consulta ginecológica preconcepcional

Después de mucho leer que hay que hacer una visita al ginecólogo para asegurarse de que todo está bien antes de empezar a buscar, y después de saltarme a la torera este consejo durante mis dos primeros meses de búsqueda, hoy ha llegado el día. 

Como hace relativamente poco que vivo aquí no tenía ginecólogo en la seguridad social, así que llamé esperando encontrarme con una lista de espera enorme, nada de eso. En 15 días atendida y contentísima. 

En primer lugar no, no me he encontrado con el Dr T. Lástima, me hubiese sentido más cómoda. Mi nueva ginecóloga es mujer, yo diría que entre cincuenta y sesenta años. Un poco seca en el tono, poco habladora pero predispuesta a contestar a todo lo que le he ido preguntando (cualquier me hace callar). 

 

Para empezar me ha hecho un historial completísimo. Hemos hablado desde mi primera regla hasta la última, con dolores, relaciones, antecedentes familiares de cualquier enfermedado  malformación, etc. 

En términos generales, todo correcto. 

Me ha hecho una citología para descartar problemillas. Si no me llama es que está todo correcto. 

Me ha solicitado una análisis de sangre para ver como van esos niveles de hormonas y para comprobar enfermedades de estas que solo sabes que existen o cuando estás embarazada o si vas a que te inspeccionen antes. 

Y sí, me ha recetado un complejo vitamínico con ácido fólico. Yo ya había comprado por mi cuenta ACFOL, al fin y al cabo, ácido fólico és, me dice que puedo terminarme la caja y empezar con NATIFAR (por lo que veo en la receta van a ser 2,34 euros. 

Mi gran temor era el por qué se me había retrasado la regla, si había algún tipo de problema. Su opinión es que no todas las mujeres tenemos que ser como un reloj, mientras nuestros periodos sean de entre 21 y 36 días de forma habitual (puede haber algún factor que influya en un periodo más largo o más corto en momentos puntuales), no hay de qué preocuparse. 

 

Pero, lo principal, y lo que más me ha gustado, es que estoy mucho más tranquila. No es que hasta ahora pensase que tengo algún problema pero a muchas nos pasa que, a fuerza de leer y de informarnos donde no debemos (o antes de que llegue el momento), nos empiezan a parecer más normales de lo que deberían los problemas. 

Mi ginecologa dice que soy una chica sana, que tengo que reducir al máximo el consumo de tabaco (estoy incluye a MrC como señor del esperma), y que tenga paciencia. Que durante un año se considera completamente normal que no llegue el embarazo y que, si dentro de seis o siete meses no lo he logrado, podemos empezar con una exploración más completa. De momento, que disfrutemos de las relaciones (que según sus propias palabras “es fundamental”) y que la avise cuando vea mi positivo

 Sra Gine nueva, espero verla muy pronto con buenas noticias!

Verano, ¿sufrirlo en silencio?

Todavía estoy a la espera de descubrir un catálogo de trajes de baño (bikinis, que con bañador pareces tu madre), en los que aparezca una mujer real. No, no voy a entrar en temas de curvas, este tema daría para un libro entero él solo. Estoy hablando de mujeres normales y de la verdadera tortura a la que nos sometemos para estar perfectas en verano.

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Aquí, el primer puesto en la pole, sin duda, es para la depilación. Si no has pasado por un largo tratamiento de depilación láser, sabrás que los pelos igual que te los quitas vuelven a salir. Yo soy de maquinilla eléctrica y durante todo el invierno los voy debilitando a base de la tortura que supone arrancarlos de raíz. Cuando llega el verano esto es, sencillamente, imposible. Te empecinas en eliminarlos y, ellos, insolentes, vuelven a aparecer. Entonces viene la disyuntiva: ¿me paso la cuchilla sabiendo que se vengarán y renacerán más duros y fuertes o espero a que crezcan para arrancarlos de raíz (ya sea con cera o con eléctrica) y mientras tanto voy con ellos asomando? No le des más vueltas, decidas lo que decidas, nunca aciertas. Y sí, soy una mujer bastante feminista y liberada, pero no lo suficiente como para salir luciendo mata, bravo por las que sí lo han superado.

Una vez toreado el paso cero y con la piel castigada por la opción que hayamos elegido nos metemos en el número dos del ranking, tenemos que estar morenas. Imaginad esa playa llena de chicas perfectas y morenas, de repente, en la arena, veis una zona donde el sol parece reflejar más. Esa soy yo. A mi el sol me repele por completo. Es más, yo tampoco le adoro demasiado. Las lagartijas se ponen al sol porque son animales de “sangre fría”, no tienen los mismos mecanismos que nosotros para tolerar cambios de temperatura exterior. Yo no soy una lagartija. A mí el sol me da por sudar y me pone la cara roja, con aspecto de fatigada. Vamos, que si me pongo media hora al sol, además de batir mi propio récord, habré conseguido parecerme mucho más a un albañil a las doce de mediodía en agosto que a la chica del catálogo. En la playa busco la sombrilla y en la piscina la sombra de un árbol. No soy de estar esperando sin decir ni hacer nada y cara al sol no se puede leer. ¿Para qué tumbarse sin hacer nada si no puedes leer? El moreno es una moda, dudo que pase, pero yo paso de ella. 

 

Y, para terminar, el tercer puesto, y no por ellos menos importante, el pelo. Ellas están ahí con sus bucles perfectos o un alisado de envidia. Yo, en un día normal, antes de salir de casa, tengo que pasar por el castigo de la plancha. Mi pelo no es que sea rebelde, es directamente un insurgente. Nada que envidiar a los cardados ochenteros. Mientras la humedad no sea del 99% y la tecnología me lo permita, pareceré una persona normal. Pero esto, en el verano mediterráneo cerca del agua, es imposible. Tras un baño, mi mata leonina, empieza a tomar vida propia y se va adueñando de mi cara. La plancha la descartamos completamente en la playa, y aplicarme espuma después de un baño de salitre no lo veo. Así que ahí estoy, con mi neceser, colocándome turbantes y ganchos hasta la hora de ir recogiendo para ir a casa, con lo que mi look al final de jornada se puede declarar como catástrofe completa.

A pesar de todo esto he aprendido a disfrutar del verano. He aprendido a que me resbale no parecerme en nada a las chicas del catálogo. Si un helado hace que me crezcan las curvas, bienvenido sea. Si para poder leer tranquila tengo que lucir un blanco enfermizo, lo luciré con orgullo y, si para poder refrescarme metiendo la cabeza debajo del agua (porque un baño no es baño si no te sumerges), daré libertad a mi melena. Porque yo, perfecta no soy, pero feliz mucho.

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