10 razones por las que no quiero ser madre

Desde ayer tengo más que confirmado que este no ha sido mi ciclo, no he conseguido mi embarazo. Hoy le estoy dando vuelta al tema. Hay muchos motivos por los que no debería de ser madre ni pasar por un embarazo. 

1.- FUMAR. Me gusta fumar. Soy una chimenea andante. Adoro el tabaco. ¿Lo he dejado bastante claro? Incompatible con el embarazo y con un bebé después. 

2.- BEBER. Me gusta beber. No tanto como fumar. Pero soy una buena bebedora. No cambio por nada una botella de vino, ya sea blanco o tinto (el rosado es para nenas), me da igual que sea bueno o malo. Me gusta. Ojo, que no voy todos los días como una cuba, pero una vez cada las mil se me va de las manos y cojo media borrachera graciosa. Muy Robin Scherbastsky, con un buen whisky hay muchos hombres que no me ganan. Con esto, al menos, sé que cuando tenga un bebé podré dejarlo a buen recaudo, una cada las mil, para poder darme el lujo. (Devuelvanlo pasada la resaca, por favor.)

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3.- CAFÉ. Esto es más que placer, es necesidad. No arranco, no funciono. Si me levanto por la mañana y no hay café me convierto en la niña del exorcista (versión mega agresiva).

4.- LIMPIEZA. No soy la mejor ama de casa del mundo. Limpio por que tengo que limpiar. En mi casa no te intoxicarías con nada maligno, pero no soy como casi todas mis amigas que tienen el salón preparado para la foto de la revista. A decir verdad, no me gustan las casas tan arregladas en las que parece que no viva nadie. Si leo en el sofá es justo que mi libro se quede sobre la mesa del café. Se lo merece. Mi bolso está sobre cualquier sitio (a veces en el suelo) y cuando salgo de casa me tiro dos horas buscando todo lo que necesito. Si tengo un renacuajo gateando por el suelo y llevándoselo todo a la boca tendremos que cambiar algunas cosas. 

5.- LEER. Es mi gran pasión. Leo mucho. Cuando voy a la piscina, en invierno las tardes de domingo bajo una manta. Durante el embarazo podré leer pero, ¿Tendré que decir adiós a mis ratos de lectura durante mucho tiempo? 

6.- DORMIR. Hoy he trabajado intensivo y he hecho una siesta de tres horas. !Viva yo! Pedazo de homenaje me he dado. 

7.- TRABAJAR MUCHO. Tengo a mis clientes malacostumbrados. Me llamen cuando me llamen ahí estoy yo, estupenda, perfecta y lista para la acción (para esto necesitamos también el café). Mis clientes tendrán que reeducarse para que pueda malcriar a mi retoño. 

8.- IMPROVISAR. En casa somos de improvisar. Es una de las virtudes de Mr C, casi nunca nos aburrimos. Es capaz de coger dos mudas, cepillos de dientes y la tarjeta, despertarme a las cuatro de la mañana para desayunar donde nos venga bien y buscar un hotelito para el finde. Esto va a estar complicado si tenemos que cargar con carro, pañales, y todas esas cosas que llevan las madres y que todavía no me he preocupado por investigar.

9.- COMIDA BASURA. No es que en casa somos de mal comer, es que a veces ni comemos. No tenemos horario. Yo me conformo con entrarme un sándwich al despacho cuando trabajo aquí, a veces sacamos el queso y el pan y comemos de pie en la cocina. La verdad es que nos gusta mucho cocinar, pero el ritmo actual y la pereza ocasional lo piden. Esto tendrá que acabarse, tendremos que comer en la mesa, dar ejemplo. 

10.- QUEDARME ENCERRADA EN CASA. No es algo que haga muy a menudo, pero lo necesito de vez en cuando. Has pasado una semana dura con mucho trabajo, hace frío y si llueve mucho mejor. Llenas la despensa de palomitas, ganchitos y mucho pan de sandwich para sobrevivir, una botella de cocacola, algún chocolate caliente y todo el fin de semana viendo la tele y comiendo mal. Esto para un niño muy educativo no debe de ser. 

 

           Y, aun con todo esto, buscando embarazo. Seguramente porque hay una razón que elimina a todas estas de golpe, hay una razón que ni siquiera puedo enumerar, no tiene nombre ni sé como expresarla. No es tan banal como para ponerla en una lista, no puedo tomarla a la ligera. 

          No voy a decir que esa razón va a hacer que las diez anteriores dejarán de importarme, Seguramente me acordaré de todas estas cosas al estar embarazada y cuando sea madre. Pero, puestas en una balanza, la razón solitaria pesa mucho más que todas las otras y, algo dentro de mí, me asegura de que no me arrepentiré, aunque a veces me traicione el miedo. 

        

  Mientras llega mi embarazo, y en compañía de mi menstruación, voy a dedicarme a abusar de mis diez vicios durante estos días. 

 

Los hombre que no querían tanto sexo como sus mujeres.

Cuidado, tema tabú. Es de sobra conocido y aceptado que los hombres siempre tienen ganas. He oído muchas veces a mis amigas quejarse; “si es que siempre tiene ganas” “no me deja ni a sol ni a sombra” “si por él fuera estaríamos siempre enganchados“. Y yo, discreta y, porqué no decirlo, un poco avergonzada, les rió la gracia y les digo “estos hombres, ¡cómo son!

Después llego a casa y me preocupo. Porque a Mr C le gusta el sexo pero no está siempre acosándome, no va detrás de mí como un perrito faldero y, sí, hasta alguna vez me ha dicho que no tenía ganas. Y entonces es cuando una se plantea si le ha tocado el bicho raro de entre todos los hombres o si va a resultar que no es lo bastante atractiva para que su marido vaya por el mundo con una erección constante. 

Yo soy toda hormonas, y cuando se acerca mi ovulación el primer síntoma que noto es una subida radical de la libido, de cero a cien en un día. Y no se trata de que esté buscando embarazo, que también. Antes, con anticonceptivos hormonales, me pasaba exactamente lo mismo. Me gusta el sexo. Seguramente más que a Mr C. Y practicaría mucho más si él quisiera. 

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¿No le gusto a mi marido? ¿No tiene ganas porqué no soy atractiva? ¿Tendrá algún trastorno que le impide ser hipersexual? Porque es que resulta que yo, hasta con mis kilitos de más, me veo una tía guapa y atractiva. No soy de portada de revista pero, oye, tampoco estoy tan mal, y si me lo propongo puedo resultar bastante sexy. Entonces, ¿qué está fallando?

Cierto es también que hemos pasado épocas en las que yo he tenido pocas ganas por estrés, por problemas que me tenían más preocupada, por algún medicamento. Y, sinceramente, Mr C si ni se ha rasgado las vestiduras ni se ha puesto a mirarse de perfil en el espejo a buscarse defectos. 

En mi opinión, el único fallo, es de concepto. Al igual que hay mujeres más o menos activas con el sexo, hay hombres más o menos activos, con más o menos ganas. Nos han enseñado desde bien pequeñas que es el hombre el que corteja, el hombre el que nos pide la cita y, por ende, el hombre el que siempre nos desea. Tal vez todo sea tan sencillo como admitir que yo, la mujer de esta pareja, tengo más apetito sexual que mi chico. 

 

Test de embarazo un día antes de la “falta”

19:00h. Mañana es mi día previsto de menstruación y tengo un dolor de muela horrible. Estoy tomando la medicación permitida en embarazo, con lo que no me puedo ni acercar a los antiinflamatorios. Necisto tomar Enantyum y está completamente prohibido en el embarazo. Tengo el presentimiento de que este mes no he conseguido quedarme, aun así, no quiero tomar nada contraindicado por si estoy equivocada. Le he comentado a Mr C que me quiero hacer una prueba de embarazo. Me dice que no sea tonta, que no estoy embarazada, que me tome la medicación tranquila y que si estoy ya nos enteraremos más adelante. A veces no comprende lo que siento.

20:00h. En media hora se irá Mr C y me quedaré sola en casa. He decidido hacerme el test de embarazo sin él. Me hace sentir mal hacérmelo sola, siempre hemos dicho que lo haríamos juntos. Ahora él no quiere que me lo haga y yo no voy a acatar decisiones sobre mi pis. Si no me entiende me veo obligada a hacérmelo sola. Total, es solo para descartar.

20:15h ¡Que se vaya ya!

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20:30h. Ya se ha ido. No me atrevo a hacerlo. Me da miedo ver el no. Me da miedo la decepción. Si lo hago para descartar y estoy convencida de que va a ser un no, ¿por qué me aterra tanto que el resultado sea una tira de insultante blanco? Tengo mucho más miedo de que sea un sí. Sea lo que sea estoy aterrada. ¿Es posible que tenga más miedo del sí que del no?

20:35h He de concienciarme de que va a ser negativo para poder hacerlo. Me aterra la idea de ver un positivo. ¿Cómo una cosa que deseo con toda mi alma puede, al mismo tiempo, darme tanto miedo?

20:40h. Voy a hacerlo y va a salir que no. Si no lo hago pronto voy a desperdiciar una tarde entera aguantándome las ganas de ir al baño.

20:55h. Ha sido negativo. Negativo negativo, sin dudas. Ahora estoy algo trsite. Me alegro de no haberlo hecho delante de Mr C, no quiero oír un “te lo dije”. Es imposible concienciarse, me siento algo decepcionada. De momento no voy a rasgarme las vestiduras, pero contenta, ahora mismo, no estoy.

21:20h. Estoy mucho mejor tras compartir con las compañeras del foro. Me alaga y me maravilla que estén pendientes de mí aun sin conocerme, me han cargado las pilas. Voy a encargarme de mi dolor de muelas, esperaré la menstruación y recuperaré fuerzas para un tercer intento.

Mi búsqueda del embarazo, un secreto a gritos.

Desde que decidimos empezar con la búsqueda del embarazo estoy pletórica. Dicen que un nacimiento llena tu casa de felicidad y entusiasmo, en mi caso, la ilusión ha llegado mucho antes que el embarazo, la idea ya me apasiona.

Soy de naturaleza entusiasta, tal vez por eso brinco de alegría con que más tarde o más pronto espero que llegue nuestro bebé. Y ahí me encuentro, planeando, estudiando como conseguirlo, analizando mi cuerpo y centrada al 90% del tiempo en la búsqueda. ¿El gran problema? No poder contarlo.

Ya de por sí, llegada a una edad y teniendo el viento a favor, a muchas mujeres nos sucede que nos convertimos en punto de mira de los “preguntadores insolentes”. Se toman la libertad de preguntar, sin que nadie les haya dado confianza para hacerlo, sobre tu maternidad. “¿Para cuando el bebé” “Criar es trabajo de jóvenes, no esperéis mucho” “Se os va a pasar el arroz” (esta última es la más odiosa con diferencia).

Además de los “preguntadores insolentes”, hay otro grupo de acosadores de útero “los implicados silenciosos”, vease los padres, las suegras, tías cercanas. Tienen tanta ilusión de un nuevo fichaje en la familia que suelen sacar el tema a la mínima, mucho mejor si se trata de una reunión familiar con todos los primos y si ya que estamos, de paso, te suelan alguna ordinariez para sacarte los colores.

Viendo como estaba el tema, hemos decidido no hacer participe a nadie de nuestra búsqueda aunque tengamos ganas de gritar a los cuatro vientos nuestra felicidad. Si no lo grito, si no lo cuento, es porque no quiero que nadie se meta en mi cama. Prefiero soportar un “Se te va a pasar el arroz” que a mi suegra y a mi madre preguntándome por mi menstruación o si he practicado mis labores de cama correctamente!

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Entonces, ¿qué hago con toda mi ansiedad? ¿con quien comparto todas mis inquietudes y mis dudas ? Mr C no es el más indicado, prefiere que lo tomemos con calma y no quiere que me obsesione (tarde, amigo). Yo necesito a alguien tan obsesionado como yo, que no se preocupe de que me tire todo el día dándole vueltas a lo mismo. ¡Y lo he encontrado!

Googleando y googleando sobre métodos, síntomas y demás llegué a un foro de buscadoras de embarazo, embarazadas y mamis. Un foro que es justamente lo que yo necesitaba. Puedo hablar libremente de mis preocupaciones, de mi obsesión y de los detalles más íntimos sin ningún tipo de problema porque mis compañeras están en la misma situación y pasan por los mismos puntos que voy pasando. Nadie nos entiende como nosotras. 

Me imagino la situación de contarle a una amiga que estoy buscando embarazo y he empezado a menstruar. Seguramente me soltaría un comentario del tipo “vaya, qué mala suerte, bueno, para el mes que viene”. En el foro es distinto, ellas saben lo que duele. Han pasado o van a pasar (o no!) dentro de poco por esto y comprenden la frustración, las ganas de llorar, y la desilusión. Porque cada mes tenemos una pequeña esperanza de que llegue y nos aferramos a ella hasta que el final es inevitable aunque los síntomas nos digan lo contrario.

Es genial poder compartir con personas en situaciones distintas, comparar puntos de vista e ir aprendiendo sobre nuestros cuerpos, ¿qué pasa? ¿Cuando pasa? ¿Porqué pasa? Chicas que han pasado por situaciones difíciles, otras que buscan su embarazo mientras ya tienen otros hijos en casa que cuidar, algunas a las que les cuesta más, algunas que se lo toman con calma, otras que nos obsesionamos. Llorar sus tristezas y celebrar sus alegrías como si fueran propias. Recibir el apoyo de un grupo de personas anónimas a las que nunca estaré lo suficientemente agradecida por aguantarme ahora que estoy más insoportable que nunca. 

 

 

La declaración de amor más grande de todas

Hace unos meses, y tras mucho tiempo de inestabilidad laboral, Mr C llegó a casa con el Santo Grial en las manos, un contrato laboral indefinido. No tuvimos que hablar demasiado para llegar al acuerdo de que íbamos a ser padres. Por fin podíamos dar por zanjado el aplazamiento al que nos habíamos visto abocados por problemas económicos.

Todas las parejas, por muy enamoradas que estén, por muy bien que se lleven, terminan cayendo en una lenta rutina. Y cuando digo rutina no trato de hacerlo de forma peyorativa. A mí, personalmente, me encanta esta dulce sensación de intimidad y de saber que pase lo que pase tienes a tu pareja a tu lado. Disfrutar juntos de no hacer nada, del simple placer de “compartir los sueños, cama y macarrones“, es la meta inalcanzable para mucha gente. El nirvana del amor.

Considero, desde mi punto de vista siempre particular, que muchas parejas se rompen porque no llegan a apreciar el autentico paraíso que es amar tanto a una persona como para prescindir de aventuras, primeras citas y emociones al máximo.Pasar horas y horas sin necesidad de decir nada, para mi gusto, es el éxtasis.

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A nosotros, la posibilidad de reemprender la búsqueda del embarazo, nos ha devuelto la magia del principio de la relación por una razón mayúscula, nos hemos hecho la declaración de amor más grande de la historia. ¿Qué es sino decirle a otra persona que quieres que sea el padre o la madre de tus hijos? Porque no nos olvidemos; los matrimonios, las parejas de hecho y, hasta las hipotecas, son efímeras. Pueden romperse. Con suerte y con mucho tiempo podríamos incluso llegar a olvidar que existieron. La paternidad conjunta es para siempre. Vamos a estar unidos de por vida, incluso si uno de los dos llegase a desear separarse del otro, el lazo de la paternidad nos uniría par siempre. Nuestro hipotético hijo será de los dos toda la vida, nos encontremos en la situación en la que nos encontremos.

De repente, la magia ha vuelto y se ha instalado en nuestra casa, vive con nosotros. Se esconde en los rincones más insospechados. Verle sostener al bebé de otros, pasear frente a escaparates y fijarnos en ropitas diminutas. Hacer planes de cómo será nuestra vida y de qué valores queremos enseñar a nuestros hijos.

Y, como no, el sexo. Que antes era algo que nos gustaba y que se nos da bien, ¿porque no decirlo?, y ahora ha tomado una dimensión diferente. Se ha convertido en un momento de máxima intimidad y una declaración de principios donde los dos estamos pensando que puede, solo puede, sea justo hoy cuando estemos creando una nueva vida.

 

Vida profesional y maternidad, ¿compatibles?

Soy de ese tipo de mujeres que nacemos con instinto maternal. De pequeña, si bien tengo que reconocer una gran carencia en cuanto a mi feminidad (nunca me puse los tacones de mi madre ni estropee sus pinturas jugando a los maquillajes), siempre he jugado a ser mamá. Mamá de mis muñecas y mamá de mis amigos. Encolerizaba si no me dejaban ser la mamá en nuestros juegos de rol infantiles. Lo que no sabía, a esa corta edad, es que me encontraría cerca de los treinta sin retoño al que acunar.

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El motivo de que no haya sido madre es que soy emprendedora, tengo mi propia empresa. A simple vista esto no parece un motivo objetivo pero si analizo mi situación me doy cuenta de que en lugar de conseguir la independencia económica y horaria que me motivó a emprender me veo esclavizada por mi trabajo.

Indudablemente hay una parte de culpa que asumo, al fin y al cabo yo he escogido mi camino pero, ¿no nos piden a las mujeres que dejemos de ser mujeres? Es decir, yo compito a diario en un mundo muy masculino. Masculino en cuanto a datos perfectamente visibles, en la mayoría de las juntas a las que asisto soy la única mujer. He tenido que escuchar variantes miles de la frase estrella “da gusto una mujer como tú, la mayoría evitan los cargos que requieren más compromiso”. Hasta hace poco, me sentía muy orgullosa de que pensasen así de mí. Ahora ya no. Ahora quiero ser humana.

Voy a permitirme tener instinto maternal. Voy a permitirme quedarme en casa cuando sea madre, disfrutar de todo el tiempo posible con mi hijo. Y voy a tratar de ser más inteligente en mi trabajo para ser más efectiva y trabajar menos horas. Cuando deje un cargo por ser madre no me avergonzaré por que no nací robot, nací humana, y del mismo modo que he sido capaz de conseguir en muy poco tiempo un estatus empresarial seré perfectamente capaz de volver a hacerlo cuando yo decida que mi hijo me necesita menos.

Aplazando la maternidad por motivos económicos.

Hace aproximadamente un año y medio recibí una propuesta oficial por parte de Mr C, mi chico, quería que fuésemos padres. Nosotros, que somos informales, que nos dejamos espacio vital, que jamás hemos tenido un anillo ni un papel firmado aunque compartamos el pan y las facturas, íbamos a ser padres.

Visto desde la distancia, nuestra delicada situación económica convertía la idea en algo bastante descabellado e irresponsable. Aún así no supimos verlo y nos emocionamos mucho. Dejé de inmediato los anticonceptivos y nos pusimos a realizar nuestras tareas matrimoniales.
Emocionada, corrí a contarle a mi madre la idea. Mi emoción se multiplicó al ver su ilusión (soy la mayor, no tiene nietos). Incluso llegué a comentarlo con un par de amigas. Me compré una cámara réflex con la esperanza de aprender durante los meses de embarazo lo suficiente para llenar millones de tarjetas de memoria con fotografías de mi supuesto retoño.
Recuerdo aquellos dos meses como una auténtica locura. Me pasaba los días analizando mi cuerpo en busca de síntomas de embarazo, llegué a estar completamente convencida de que estaba embarazada,  tuve un retraso de 11 días en mi menstruación.
Buscaba en cientos y cientos de páginas consejos, métodos de búsqueda y síntomas que confirmasen mis sospechas. Pasados estos dos meses no llegó el embarazo pero sí una carta de despido. Mr C se quedaba sin trabajo. La nómina fija que nos proporcionaba el pan se desvanecía y, con ella, nuestro proyecto bebé.
Cuando tienes una empresa, o eres autónomo, tus ingresos dependen mes a mes de tus esfuerzos y el currículo de Mr C no encaja en mi campo laboral. Resignados, tiramos la toalla.
Nuestros relojes biológicos se quedaron sin pilas. Compartimos un gran disgusto. Cierto que este tiempo nos ha hecho reflexionar, ser más adultos, estar más unidos. Hemos pasado meses oscuros; él desesperado buscando empleo y yo trabajando de sol a sol para pagar facturas que me estaban consumiendo. Me enorgullezco de saber que, en todo este tiempo, no hemos tenido una sola discusión. Ni un roce, ni un reproche. Mr C y yo somos un equipo bien engranado, somos nosotros contra el mundo.

Aun así, yo ya amaba a ese bebé. Me lo había imaginado, había creído incluso tenerlo dentro. Y nunca llegó. Nuestros meses oscuros no solo fueron causados por los número rojos. La decepción grande fue ver que no podíamos ser padres a pesar de todas nuestras ganas. Porque donde comen dos no comen tres, porque no podríamos disfrutar de la experiencia mientras hacíamos malabares para pagar la luz y el agua y seguir pasando. Porque, pese a que el ser humano es fuerte y se adapta, mi idea de la maternidad no incluye tener que ir a pedir dinero para pañales.

Nunca he sufrido un aborto pero me siento muy identificada con esas mujeres que recuerdan la fecha en la que hubiese nacido su hijo y piensan en cómo sería ahora si todo hubiese ido bien.